Suave

Te hablo de cosas suaves,

una sábana derretida sobre piel desnuda.

Un camisón.

La suavidad de una voz dulce,

de la dulzura sin voz,

la fragancia intensa de un sentimiento traducido a mirada,

la pasión del tacto de un rostro flotante en la vigilia.

Te hablo de la suavidad digital sobre las teclas de un piano,

te hablo de una Gymnopédie

Erik Satie moldeando el aire que acompaña a la mente,

como las gotas que caen de hoja en hoja,

que escurren despacio, dejándose.

Te hablo de la dulzura

del cadáver en la lluvia.

Podrá ser el vuelo de un ave minúscula

frágil y vivo, colorido tranquilo,

podrá ser más como un beso,

suave en los surcos que se superponen,

que se mezclan en saliva,

que se hunden en olas mutuas

de dos océanos,

de dos bocas

inoportunas en ir y venir,

que bailan inconscientes

que ignoran su final,

recitándose a sí mismos

con la más simple de las suavidades

poemas de labios en soledad.

 

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