Poema a unos minutos

El sueño acabó con casi todo,

pero resistieron unas cuantas velas curiosas

y un colchón valiente.

 

Era una noche de palabras estrelladas

de carreteras por las que cabalgan olas de algún mar perdido,

un espacio vacío,

una habitación de pinceladas calladas.

 

Entonces la sangre de un cuerpo explota y desea, y quiere salir de su cauce humano, de su piel pastosa. Busca la sangre del otro cuerpo que, a su vez, se comporta del mismo modo, un volcán con brazos y piernas y una boca húmeda. Sin poder huir de esa prisión tan hermosa, como dos fuegos enjaulados, todo el lugar termina derretido y las dos llamas se unen para el baile de la lluvia. Mojando con ella sus bocas, sus dedos y sus fantasías.

 

En el baile hay mil besos,

hay mil latidos posesos

mil dientes que arañan,

hay mil caricias que dominan,

y mil voces vivas

en dos cuerpos que se matan.

Pero existe un final

donde se nada en esa lluvia

de espaldas al fondo valiente

y de cara a un cielo cerrado.

 

“¿Qué?” susurra la llama que salpica el silencio.

mientras que cada uno de los diez que tenía se deslizaban por ella

dibujando su forma,

en un aire de mil sábanas

y sedas submarinas.

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